Mucha gente piensa que cuando hay que cortar un segmento de la mandíbula podemos poner una prótesis metálica o de silicona y ya está. Pero no es así, para reconstruir una mandíbula o un segmento de élla tenemos que reemplazarlo con un hueso del propio organismo. El hueso más utilizado por nosotros es el Peroné, que está al lado de la tibia en la pierna.

Este hueso lo sacamos junto a la arteria y la vena peronea para que una vez colocado en el sitio podamos nutrirlo con aporte sanguíneo, de otra forma, el hueso moriría ya que no tendría oxígeno aportado por los vasos sanguíneos. De nuevo, debemos unir las arterias y las venas peroneas con la arteria y la vena facial.

El primer médico en describir el injerto de Peroné para reconstrucción de la extremidad inferior fué Taylor en 1975 y el primero en describir y realizar esta cirugía para reconstrucción de mandíbula fué Hidalgo en 1989, por lo que son unas técnicas relativamente nuevas, aunque desde entonces han sido miles y miles los casos realizados.

Actualmente y gracias a los avances en microcirugía, los pacientes pueden mantener la estética facial y la función masticatoria, deglutoria y fonatoria. Podemos realizar una cirugía en la que previamente hemos hecho un TAC que nos proporciona unas medidas al milímetro y reproducir la mandíbula del paciente en una impresora 3D para saber de antemano cómo será ese injerto, qué medida y qué curvatura hay que darle, además de poder utilizar un material de osteosíntesis adecuadamente preformado.